Día Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales

La Asamblea General de la ONU decidió designar, por primera vez en 1989, el segundo miércoles de octubre como como Día Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales. Posteriormente, en el año 2001, se revisó la resolución, para ampliar los objetivos a “promover una cultura mundial de reducción de los desastres naturales que comprenda la prevención, la mitigación y la preparación”.

Ocho años después, el 21 de diciembre de 2009, se designó como fecha fija el 13 de octubre, y se modificó el nombre a Día Internacional para la Reducción de los Desastres. Aquella resolución es la que se mantiene en la actualidad, cuando la celebración de esta jornada resulta de gran importancia para concienciar a instituciones y ciudadanos sobre los riesgos que existen y la manera de minimizarlos. Los desastres se han agravado con el cambio climático, un proceso en el que la población al completo tiene responsabilidades.

Las consecuencias de los desastres naturales son más devastadores en el ámbito local, por lo que son los gobiernos municipales y regionales los que más empeño deben poner en prevenir y preparar a la población para poder dar respuesta a estas situaciones. Existen grandes y pequeños riesgos, algunos controlables y otros fuera de nuestro alcance, pero todos requieren una concienciación y prevención que sí es factible.

En 2016, la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR) presentó la campaña «Sendai siete». En ella se presentan los siete objetivos del Marco de Sendai para la reducción de la mortalidad mundial. El primer punto del documento pone el foco en reducir los fallecimientos durante los desastres a través de la sensibilización. Para conseguirlo, todos los actores implicados, incluidos los gobiernos nacionales y locales, los grupos comunitarios, las organizaciones de la sociedad civil, el sector privado, las organizaciones internacionales y la ONU, deben esforzarse y crear acciones para conseguir el objetivo.

Prevenir mejor que lamentar

No todos los desastres naturales suponen un riesgo alto para la población, pero una combinación de factores naturales, culturales, sociales y políticos contribuyen a aumentar la peligrosidad de algunas situaciones.

En los últimos 20 años, según la ONU, más de 1,35 millones de personas han perdido la vida como resultado de la vulnerabilidad y la exposición a amenazas naturales, en especial mujeres y niñas. Al mismo tiempo, más de 4000 millones de personas se han visto obligadas a cambiar su lugar de residencia o se han quedado sin hogar y han resultado heridas, lesionadas, o han tenido que recurrir a algún tipo de ayuda de emergencia.

La mayoría de muertes a causa de desastres naturales suceden durante inundaciones, tormentas y olas de calor, sucesos que se han duplicado en los últimos 40 años. Otra parte importante sucede a causa de eventos geofísicos extremos, en especial terremotos, tsunamis y erupciones volcánicas.

Estos desastres naturales son inevitables, pero los daños que estos causan pueden minimizarse. La vulnerabilidad social, económica y ambiental hace que sea más difícil protegerse de los golpes de la naturaleza. A pesar de todo, nadie está a salvo de ser víctima de una catástrofe natural.

Fuentes:

https://es.wikipedia.org/wiki/D%C3%ADa_Internacional_para_la_Reducci%C3%B3n_de_los_Desastres

https://www.un.org/es/events/disasterreductionday/background.shtml

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